miércoles, 28 de mayo de 2014

Lo que piensen





Que él estaría conmigo toda la vida. Porque se encariñó, porque me quiere, porque soy coherente con su estética, con su imaginario y porque conmigo va a purificar su descendencia. Que sí, que todo empezó por una calentura, que tengo 28 años y estoy buena, es obvio.  Que lo primero es que yo sea feliz y que no quiere joderle la vida a nadie, ni a mi ex, ni a mí, ni a nadie. Pero que tampoco quiere ilusionarse conmigo. Que si yo estoy medio freak no nos veamos más, que él puede estar sin verme hasta que yo me sienta más tranquila. Que por ahora no está sufriendo por amor pero que si esto avanza seguramente sí, que va a terminar haciendo bardo y llamándome todo el tiempo.


Que entiende que para mí él es una aventura. Que él tiene todas las características de una aventura y que vive por fuera de la realidad. Que no da que por una aventura yo pierda lo que tenía con T. Que eso sí era amor: el compañerismo, la complicidad, sentirse cómodo con el otro, tener proyectos juntos. Que eso era amor, aunque a veces suene aburrido. Que las cosas que me pasan ahora con T. son totalmente normales en una pareja de tantos años. Que si nos hubiésemos llevado tan mal, cuando nos fuimos de vacaciones nos hubiésemos matado. Que lo que nosotros tenemos por ahora es intriga el uno por el otro y que la pasamos bien porque no hay problemas, no hay convivencia, no hay rutina.

Insistió con que T. tiene suerte, que lo envidia por haberme conocido antes de que él me conociera. Que reconoce que en cierta forma se está aprovechando de la situación porque yo no sé para dónde correr y no termino de entender qué me pasó con T. y por qué estamos donde estamos hoy.


Me dijo también que si voy a hacer bardo y decírselo, que no sea en el marco de una pelea en la que vuelen cosas y yo de pronto le diga 'Ah ¿y sabés qué? ¡Me lo estoy cogiendo a D!. Además, que si me acabo de separar, que me la banque estar sola un tiempo. Sí: que me la banque. Que él va a estar siempre y nos podemos ver y todo genial. Hasta que lo blanqueemos y ahí nos vamos un mes a París para huir de la opinión pública.

Me preguntó qué pensarían mis viejos de que salga con alguien que me lleva 21 años. Le dije que mi hermana ya sentó precedente así que todo bien. Y que vivo sola hace varios años así que ya no me importa mucho lo que piensen. Es mentira, sí me importa lo que piensan, a todos nos importa lo que piensan nuestros padres aunque nos hagamos los que no.



Me sugirió que por un tiempo juguemos a ser novios. Que yo le hago bien, que le estuvo contando a un amigo que se siente mejor desde que está conmigo. Es cierto: cuando lo conocí me dijo que estaba deprimido y que no se le caía una idea, ahora lo veo con menos ojeras y más optimista. 
Cuando me tocó hablar a mí, le dije que estar con él me llevó a creer que existe otra manera de hacer las cosas. Que hace como un año que no tengo buen sexo y para mí eso es importante. Para todos es importante, como la opinión de los padres.


También le dije que estaba un poco preocupada porque yo también lo consideraba una aventura y de pronto ayer lo extrañé y tuve ganas de verlo. Y que ese día fui a su casa porque necesitaba charlar un rato con él, estar juntos, ni siquiera tenía ganas de garchar.

Yo tampoco quiero enamorarme e ilusionarme al pedo. No quiero comerme el viaje del enamoramiento romántico. Le aclaré que no se asuste si de pronto, y sin querer, me tomo muy en serio ese rollo de que me ama y que se quiere casar y tener hijos. Me dijo que ese rollo era cierto y nuevamente elegí tomármelo muy en serio. Así funciona mi engranaje emocional.



Y luego empezamos a pensar: ¿qué pasa si hacemos bardo? ¿qué pasa si decimos todo? ¿qué pasa si nos la jugamos y empezamos a estar juntos?

Nos ilusionamos. 

Planeamos a dónde vivir y cómo debería ser la casa, que deberíamos tener un lugar donde poner el piano, otro donde yo escriba y tenga mis borradores para un futuro libro en ese futuro inventado. Elaboramos hipótesis sobre cómo sería nuestra relación socialmente. Yo prometí que sería más elegante y usaría más vestidos largos y peinados recogidos. Estuvimos de acuerdo en que deslizaría algunas palabras en francés en todas las conversaciones posibles y en que deformaríamos nuestra diferencia de estatura: los 15 centímetros que le llevo se convertirían en 30 con un buen par de tacos. 


Me dijo que deberíamos empezar por decirnos cuáles son nuestros defectos así mitigamos un poco este efecto rosa. Yo le expliqué que para convivir soy un poco ruidosa, que canto, bailo e invento canciones usando el nombre del otro para molestarlo. O, aún peor, un apodo vergonzoso. Me aclaró que no tiene ningún problema, que él hace lo mismo y agregó que casi no duerme, o se duerme en todos lados, que sospecha que tiene principios de Alzheimer. Me dijo que uno de sus defectos es que es arrogante y otras veces obsecuente con la gente que quiere quedar bien. A mí no se me ocurrieron muchos defectos míos así que concluimos que quizás la arrogante soy yo. 

Fumamos un cigarrillo cada uno y vimos 'The Artist is Present' de Marina Abramovic. Cuando a Ulay se le cae una lágrima, todo el MOMA aplaude - él se emocionó y lloró. 


La primera vez que vi esa escena yo también lloré.






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